El poder del presente (Parte III)


En esta oportunidad, me permitiré reflexionar sobre las posibles consecuencias de mantener una permanente conexión con el presente sin pretender que sean las únicas, espero contribuir al entendimiento y motivar la búsqueda de este estado de consciencia.

 

a).    Libertad. Permanecer continuamente consciente de cuanto pasa en el momento presente buscando percibir la totalidad de la realidad, nos permite liberarnos de las trampas del pasado y del futuro. Esto no significa que el pasado o el futuro no importen, más bien que no seamos sus prisioneros y que accedamos al pasado o al futuro solo cuando nos convenga y sin ansiedad alguna, aceptar sus limitaciones.

 

Supongamos que montamos nuestro a caballo al galope en una llanura; junto a nosotros corren en la misma dirección otros jinetes conocidos nuestros con quienes mientras corremos conversamos; no nos está permitido cambiar de dirección, ni bajar ni aumentar la velocidad del galope, solo seguir adelante. El pasado, entonces, se asemeja al horizonte que vamos dejando atrás y que su extensión va creciendo a medida que recorremos el terreno. Podemos ver hacia ese horizonte en cualquier momento y descubrir en ello lo que se ha ido alejando y que no volveremos a ver de cerca nunca más; sólo queda en nuestra memoria la vivencia de cuando pasamos junto a ello lo más cerca que pudimos. El futuro es el horizonte que está frente a nosotros; que a la distancia no logramos precisar bien a bien qué tipo de objetos son; sus detalles se nos van revelando a medida que con el pasar del tiempo vamos recorriendo terreno y nos acercamos a ellos. Nuestra realidad presente es el último tranco que ha dado nuestro caballo, el último resoplido que ha exhalado, el último palpitar de nuestro corazón, etc.  La longitud de ese presente es una línea transversal a la trayectoria que va configurando nuestro recorrido en la llanura a medida que galopamos.

 

Esta visión nos da libertad en la medida que nos vamos desvinculando de lo que hemos dejado atrás y no nos obsesionamos con lo que se está acercando sino que vivimos plenamente cada detalle de nuestra vivencia en la línea transversal al tiempo que representa nuestro presente. El ser humano tiene una gran capacidad de almacenar recuerdos y asociarlos para encontrar tendencias y, con ello anticipar cómo le pinta el futuro. Sin embargo, esta capacidad no siempre nos resulta agradable o conveniente; una experiencia en extremo traumática combinada con una gran capacidad para conservarla en la memoria, puede representar una tormentosa prisión; una gran capacidad de imaginación combinada con un escenario futuro especialmente encantador puede conllevar que una persona se embelese con escenarios futuros fantásticos e irreales. En ambos casos la conexión con el presente se debilita. Las personas con menos capacidad de memoria, olvidamos con mayor prontitud las buenas o malas experiencias sufridas y las condiciones presentes dominan mayormente nuestra atención. Como todos sabemos así nos pasa cuando somos niños.

 

b).    Desarrollo de nuestra agudeza perceptiva. La percepción basada en los sentidos de la vista, el oído, el olfato, el tacto y el gusto es tan solo una ventana de conexión con lo que nos rodea puesto que está restringida a lo que nuestros sentidos pueden captar. Sin embargo, la realidad total incluye todos los tipos de luz, sonidos, olores, sabores, sensaciones táctiles y muy posiblemente otras muchas cosas y fenómenos que fluyen en el espacio aun cuando hoy no seamos conscientes de su existencia. Buscar permanentemente la percepción de todo lo que llega al espacio tiempo que ocupa nuestro ser nos impulsa a desarrollar nuestra agudeza perceptiva y a descubrir nuevos canales de percepción con el objetivo de alcanzar en algún momento la percepción total. Con tal perspectiva se abre la posibilidad de percibir incluso cosas y fenómenos que hoy pueden fácilmente ser consideradas en el terreno de lo extrasensorial o sobrenatural.

 

c).  Control. Estaremos en mejores condiciones para cambiar las cosas cuando éstas son susceptibles de ser cambiadas precisamente en el sentido que se pretende. A manera de ejemplo, cuando nuestra consciencia está permanentemente conectada con la realidad presente, es similar a pretender dar vuelta a la derecha en una determinada calle, si nuestra percepción se encuentra desfasada hacia el pasado o hacia el futuro puede darse que intentemos dar vuelta antes o después del cruce en cuestión y consecuentemente, no llegar a nuestro destino. Tomaríamos la decisión de actuar en un momento y en condiciones inoportunas. Supongamos que estamos en un restaurante de sushi en banda y hemos decidido tomar un rollo que se aproxima, si nuestra percepción está atrapada en el futuro extenderíamos la mano para tomar el rollo antes de que este esté a nuestro alcance, mientras que si nuestra percepción está atrapada en el pasado intentaríamos tomar el rollo cuando éste ya se ha alejado y está fuera de nuestro alcance. En ambos casos no habremos logrado lo que pretendíamos.

 

d).    Plenitud. Conectarse con el presente implica una conexión en tiempo real con cuanto fluye en la realidad que nos incluye. La percepción total de nuestro entorno significa un contacto de cada punto de nuestro ser con nuestro entorno. Un flujo constante de estímulos del entorno a nuestro ser o viceversa ocuparía totalmente el punto de contacto entre nosotros y nuestro entorno. Esta circunstancia compromete cada punto de nuestro ser a convertirse en un canal de percepción permanentemente dedicado al flujo bidireccional de estímulos. Alcanzar el reto de tener conciencia total de cuanto ocurre en la realidad tiene por fuerza que saciar nuestra conciencia puesto que ella también es parte de la realidad y por lo tanto comparten la misma dimensionalidad.

 

A manera de ilustración, si tenemos un sistema de tuberías todas del mismo diámetro y hacemos pasar una corriente constante de agua a través suyo, en un instante determinado cada tramo de tubo de igual longitud tiene la misma cantidad de agua, en este caso, el punto de contacto de nuestro ser con el entorno está en la realidad y por lo tanto tiene la misma dimensionalidad que la totalidad de estímulos que fluyen de la realidad exterior a la interior o viceversa. Desde mi punto de vista, nuestra consciencia es real aun cuando no sea material, tiene la misma dimensionalidad que la realidad; en la medida que nuestra consciencia es real y existe en la realidad no puede contener más que la realidad misma; puede contener menos solo en la medida en que nosotros la limitamos y decidimos ser inconscientes a muchas de las cosas y fenómenos que aunque existen no las percibimos con nuestros sentidos. Veo esto como una noción de armonía y plenitud en nuestra relación con el entorno puesto que no hay carencia ni exceso de flujo en cada punto de contacto y, por lo tanto no hay faltante ni sobrante solo fluye cuanto la realidad contiene.

 

e).  Poder. Hasta aquí creo que ha quedado claro que es en el momento presente cuando las cosas están cambiando. Una vez que las cosas han cambiado se está ante el pasado y si el cambio aún está por materializarse estamos ante el futuro. Conectarse con el presente es estar conscientes de nuestra influencia en el entorno y la influencia de él en nosotros en el momento mismo en que ésta se está llevando a cabo. Es muy posible que a medida que dominamos esta práctica, nuestras acciones sean más oportunas para lograr el cambio en el estado general de las cosas que conviene, de acuerdo con nuestra expectativa. Además, conocer el estado de las cosas es una condición indispensable para actuar sobre ellas en la intensidad y dirección que nos lleve al nuevo estado de cosas que consideremos más adecuado. Actuar con oportunidad en los puntos de equilibrio o desequilibrio que una conexión permanente de nuestra consciencia con el estado presente de las cosas nos iría revelando, puede representar la gran oportunidad de lograr resultados espectaculares con un mínimo de esfuerzo lo cual, evidentemente, es sinónimo de poder.

 

f).   Vida. Cada instante de desconexión con el estado presente de las cosas es un instante que no estamos percibiendo. La vida es esa experiencia de conexión con el flujo constante de cosas y fenómenos en el momento que están ocurriendo. Cualquier percepción reducida de esta realidad presente nos quita oportunidades de plenitud. Si somos prisioneros de una experiencia pasada dolorosa, la percepción en el momento presente estaría dominada por el recuerdo de esa experiencia dolorosa y nos quita la oportunidad de vivir muchas de las cosas preciosas que el presente puede estarnos ofreciendo en muchas ocasiones de manera totalmente incondicional y gratuita. La experiencia de comer mientras estamos pensando en experiencias pasadas o planes para el futuro nos quita la oportunidad de un deleite pleno, de saborear un platillo especialmente exquisito. Luego entonces, vivir plenamente la vida requiere un estado mental dispuesto a percibir cuanto la realidad nos esté brindando en el instante mismo en que lo hace.

 

Es posible que si abundamos en nuestras reflexiones encontraremos muchas consecuencias más resultantes de un estado de consciencia permanentemente conectado con el estado general de las cosas en el momento presente. Pero estas que aquí se han explorado ya nos pueden dar suficientes razones para intentar alcanzar ese estado de consciencia y con ello acercarnos a un estado de plenitud de vida.

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