El poder del presente (Parte II)


Una vez aceptado que el poder que cambia el estado general de las cosas está en el presente, queda claro que el futuro es consecuencia de cuanto suceda en el presente y que, además, el presente tiene posibilidades de liberarse del determinismo del pasado. Es conveniente permanecer continua y conscientemente conectado con el presente para estar en condiciones de acceder al poder de cambiar el estado general de las cosas en cierto sentido conveniente. Para ello considero importante tener en mente ciertos aspectos que afectan nuestra conexión permanente con el presente.

 

a). La longitud del presente. Si dividimos la realidad en términos de la velocidad en que cambia podríamos pensar que un plazo de 10 años sería adecuado como noción de presente tratándose de cambios en el estado de los grandes objetos existentes en el universo y que no tendría mucho sentido una noción de presente por un plazo más pequeño, pero tratándose de la vida de un insecto tal vez 10 años es un plazo demasiado largo para una noción de presente, en este caso un día podría tener más sentido.  Dado que nuestro interés es la percepción del estado general de las cosas, la longitud del presente debería ser tan pequeña que nuestra percepción no pudiera segmentarla aún más de modo tal que percibiríamos una continuidad, pero por otro lado debería ser lo suficientemente grande para poder percibir que algún cambio ha ocurrido.

 

b). Conexión permanente con el presente. Lo trascendente radica en mantenernos conectados con el presente. Esta conexión podría lograrse y mantenerse en forma semejante a tomar una especie de fotografía que captura en un instante la totalidad del estado general de las cosas y los fenómenos y, que todo nuestro ser es precisamente la cámara que toma las fotografías. Este tipo de fotografías deben ser tomadas con tal frecuencia que permanentemente mantengamos la convicción de que ni un instante nos hemos desconectado del presente, a la manera de los 24 cuadros por segundo del cine, pero al mismo tiempo necesitamos estar conscientes del acto mismo de tomar la fotografía, capturando instante tras instante el más reciente estado general de las cosas. Esto es, captar el estado de las cosas, los fenómenos y nuestras  sensaciones como un todo a un ritmo constante con la mayor frecuencia posible y mantener nuestra atención consciente conectada con la última captura del estado general de cosas realizada.

 

c). No existimos aisladamente. Debemos tener en cuenta que no existimos aislados y ser conscientes de ello para actuar en consecuencia. Los cambios no están limitados a nosotros o al entorno sino que pueden nacer y afectar uno, otro o ambos, es decir, al cambiar nosotros es muy probable que cambie nuestro entorno pero también al cambiar nuestro entorno es muy probable que cambiemos nosotros. Esto implica que no tiene sentido pretender que nosotros cambiemos y que por fuerza nuestro entorno permanezca igual como si nada hubiera acontecido, tampoco tiene sentido esperar que cambie el entorno y nosotros permanezcamos inmutables. Tenemos que admitir que el cambio en el estado general de las cosas nos incluye y no debemos temerle, más bien resultaría conveniente aceptar la tendencia general del cambio, que llegará la armonización de fuerzas, esperar que habrá de desaparecer el conflicto y tendrá lugar la armonía entre el entorno y nosotros. Las fuerzas que impulsan los cambios en el estado general de las cosas pueden nacer en nosotros, en nuestro entorno o en ambos pero se desvanecerán cuando se alcance un nuevo estado de cosas en equilibrio.

 

d). Percepción limitada de la realidad. Cuanto percibimos es una visión limitada de la realidad, es decir, cuando vemos un objeto luminoso solo estamos viendo su luminosidad pero no podemos ver su sonido, escuchamos su sonido pero con ello no podemos percibir su textura, luego entonces los sentidos nos permiten percibir solo ciertas características notables de cada objeto existente pero sólo dentro de un rango de percepción, es decir, aun y cuando con la vista percibimos la luz, la luz que podemos ver tan solo es la que está dentro un rango limitado. No podemos ver ni los rayos infrarrojos que están en un extremo del espectro de luz ni los rayos ultravioleta que están en el otro; igual pasa con el sonido, los ultrasonidos tienen una frecuencia mayor a la que el oído humano puede percibir mientras que los infrasonidos tienen una frecuencia tan baja que el oído humano tampoco los puede percibir.

En realidad, nuestra percepción tan solo es el equivalente a una ventana a través de la que adquirimos consciencia del cosmos. Aun y cuando nuestros sentidos estén en óptimas condiciones de salud seguiríamos teniendo una visión parcial de la realidad que nos rodea.  En nuestros días es bien sabido que, no obstante que no percibamos la luz infrarroja o la luz ultravioleta este tipo de luz existe y tiene efectos, a veces positivos y a veces negativos en nosotros, al igual que ocurre con los sonidos. Tener presente esta circunstancia nos permite abrir nuestra mente a la posibilidad de desarrollar otros canales de percepción en la búsqueda constante de alcanzar la percepción total del estado general de las cosas y la consciencia permanente de cuándo y cómo ocurren los fenómenos.

Aceptar que las cosas existen y que los fenómenos ocurren a pesar de nuestra inconsciencia y carencia de recursos para percibirlos deja bajo nuestra responsabilidad el desarrollo de la agudeza y sensibilidad para llegar a percibirlos y tener consciencia de cuanto existe y ocurre en contacto con el espacio y tiempo que nuestro ser ocupa. Es decir, no porque no percibamos los fenómenos estos no ocurren o, no porque no percibamos las cosas éstas no existen, más bien nuestra meta sería llegar a percibirlo todo.

La percepción total del estado general de cosas es importante porque la pretendida modificación de ese estado depende de que lo que percibimos que debe ser modificado coincida con su situación real y entonces la modificación consciente en cierta dirección tenga sentido, es decir, si pretendo que una maceta, esté en una esquina determinada el acto de moverla tiene que partir de que sabemos con certeza el lugar actual de la maceta.

 

e). Retraso entre los hechos y nuestra percepción de ellos. Si ocurre una gigantesca explosión en el sol, percibiremos tal explosión 8.32 minutos después de que ha ocurrido. Nuestra percepción tiene un retraso en relación al tiempo real en que ocurren los hechos, debemos tener en cuenta que si al percibir un hecho tomamos cierta decisión, la decisión no habría sido tomada por el hecho en sí mismo, sino por la percepción que tuvimos de él. Nuestras decisiones siempre son determinadas por nuestra percepción pero debemos esforzarnos sobremanera para lograr que nuestra percepción se desvíe lo menos posible de la realidad so pena de que nuestra decisión sea totalmente inoportuna y el resultado esté totalmente alejando del resultado deseado. Para abordar una autobús y llegar a nuestro destino, nuestra percepción de que el autobús está detenido en la parada donde nosotros esperamos debe coincidir con la realidad para que el acto de abordarlo se materialice y arribemos a nuestro destino.

 

f). La naturaleza de nuestra conexión con el entorno. Los estímulos que recibimos de nuestro entorno a través de los diferentes canales de percepción y los que el entorno recibe de nosotros pueden ser convenientemente interpretados como vínculos entre nosotros y nuestro entorno. Algunos de estos vínculos son menos íntimos y otros lo son más. Estos vínculos se pueden reinterpretar como cuerdas que conectan nuestro ser con nuestro entorno y que por su conducto fluyen las fuerzas que sostienen y cambian el estado general de las cosas, a la manera de quien maneja marionetas con independencia de si nosotros somos quienes manejamos las marionetas o quienes permitimos que alguien o algo nos controle como marionetas. A medida que desarrollamos nuevos canales de percepción nuevas cuerdas nos unen con el entorno y  coadyuvan a la materialización de los cambios.

 

El presente tiene poder. Vivir conectado con el presente nos permite acceder a ese poder y participar de los cambios en el estado general de las cosas, sin embargo, la fuerza que impulsa los cambios puede nacer en cualquier punto del espacio. Entre más intensa es nuestra conexión con la fuerza que impulsa los cambios ya sea por la cercanía o por la potencia de esa fuerza, más involucrados estaremos. En nuestro interior esa fuerza es una intencionalidad de que las cosas tengan un determinado orden; es la energía de un deseo profundo de cambiar el estado general de las cosas en un determinado sentido. Sin importar si la fuerza nació en nosotros o, nació en el entorno y nos contagiamos de ella, lo importante es que esa intencionalidad fluye a través de nuestro ser más íntimo y darle cauce es la única alternativa que nos permite. Dada nuestra conexión constante e intrínseca entre el entorno y nosotros justo en el instante presente donde el estado general de cosas cambia, no podemos aspirar a permanecer ajenos, más bien tendríamos que aspirar a que la fuerza que impulsa los cambios conduzca a un nuevo estado de equilibrio del cual nosotros somos parte y, nuestra consciencia constantemente conectada con este estado de equilibrio en el momento presente dé lugar a la certidumbre de completez, satisfacción, armonía y plenitud libre de conflicto.

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