Mi experiencia en el teatro


Para el tradicional festejo de fin de año del 2012 de la AMA se montó una pastorela. El elenco estuvo integrado por actuarios en el que participamos tanto Guadalupe Huerta como yo, quienes en ese entonces, formábamos parte del consejo directivo de la Asociación. Vivimos divertidas experiencias durante las dinámicas y los ensayos. Descubrimos muchas virtudes humanas unos de otros participantes. Disfrutamos enormemente la convivencia y, sobre todo, la puesta en escena.

Muchos manifestamos nuestro interés en que el grupo continuara durante el 2013 y solicitamos el apoyo de la Asociación, apoyo que generosamente nos fue proporcionado. Respondieron a la nueva convocatoria un número mucho menor que no correspondió al interés que originalmente se había manifestado; dos personas repetimos participación. Nuestro objetivo pasó de preparar una pastorela a presentar una obra atemporal con mensaje más en línea con nuestra realidad social inmediata y, una vez que quedó definido el número de actores que participaríamos se seleccionó la obra muéstrame el camino.

Definitivamente, representar el papel de Pepe resultó ser un reto actoral inmenso para un amateur como yo y me desató un caudal de reflexiones sobre su caracterización, sobre los rasgos de su comportamiento y sobre su evolución interior a lo largo de la obra, para terminar por descubrir la razón por la que una vez muerto, no podía seguir su camino.

Confieso que el tema de la muerte ejerce sobre mí una fascinación especial, en principio porque me di cuenta que gran parte de lo que hacemos en la vida está vinculado, de una u otra manera, con un cierto miedo a la muerte que bien puede deberse al desconocimiento de lo que sigue después, pero también porque cuestionarse sobre lo que verdaderamente nos importa en la vida tiene relación directa con aquello por lo que consideramos que vale la pena morir.

Más allá de la obra y su significado, medité sobre el origen de mi interés por participar en una representación teatral para lo cual recabé opiniones de algunas personas sobre el por qué creían que me interesaba actuar. Las respuestas fueron variadas: porque me gustan los retos personales, porque me gusta hacerme notar, porque me gusta experimentar, etc., es muy probable que sin pretenderlo yo haya dado lugar a esas interpretaciones. Yo más bien pienso que me motiva explorar una forma más completa de comunicar contenidos a través de la conexión energética y vivencial que sólo se puede lograr en la representación teatral porque el espectador se dispone anímicamente a recibir y el actor se dispone a transmitir esos contenidos, ambos con plena voluntad y conciencia en un entorno bajo control. Sería deseable que en la vida cotidiana esa conexión energética y vivencial se diera siempre, especialmente entre personas cercanas como parejas, amigos, padres e hijos, sin embargo, tal vez por miedo no nos atrevemos a entrar en esa conexión.

Todo mundo conoce la sensación de nervios ante la exposición pública. Las manifestaciones son diversas; van desde cambios en el ritmo cardíaco, transpiración excesiva o en zonas donde usualmente no transpiramos, tensión muscular, voz quebrada, temblorosa o titubeante, necesidad de tragar saliva, cosquilleo en el plexo, etc., nos sentimos instintivamente impulsados a evitar esas sensaciones incómodas, sin embargo, a partir de mi experiencia, concluyo que esa sensación es evidencia de que estamos produciendo energía, la que, convenientemente orientada, nos ayuda a interpretar mejor nuestro personaje; generar y transmitir las emociones que el personaje requiere y transmitirlas con energía al público.

En mi caso, además, decidí hacer una reinterpretación conveniente de esa sensación de nervios; asimilarla como la evidencia de que terminaciones nerviosas del público a la espera de una experiencia, de un mensaje o de un contenido, están buscando conectarse con las terminaciones de mi sistema nervioso para permitir un continuo fluir de contenidos emocionales y energéticos que transmito al público durante la  interpretación de mi personaje. Evidentemente, las inflexiones de mi voz, los movimientos de todo mi cuerpo, mis desplazamientos en el escenario y la caracterización del personaje con el vestuario y el maquillaje, deben estar en armonía con  el contenido emocional que trato de transmitir para mejorar la eficacia, de otra manera, la transmisión del contenido queda obstaculizada. La prueba de fuego de haber logrado el propósito es ver que el público exhiba la reacción buscada.

Durante mucho tiempo me resistí a la idea frecuentemente recomendada pero pocas veces practicada de abandonar el egoísmo y darse más a los otros. Aún me parece que esta dicotomía es un dilema falaz. Estoy convencido que uno no puede dar a los demás lo que no tiene, luego entonces, es necesario primero pensar en uno por lo que sería un error negarse a sí mismo. La respuesta que desvanece el dilema se percibe difícil pero creo que no lo es tanto: es conservar la conciencia de sí mismo como parte de un todo, es decir, somos una parte y el todo al mismo tiempo. Mi experiencia incipiente en el teatro me ha permitido palpar la validez de esa respuesta; al lograr la conexión con el público y manteniendo mi conciencia de estar interpretando un personaje, tengo conciencia también de las emociones que estoy produciendo en mí, que estoy transmitiendo y que están siendo recibidas por un público que reacciona en consecuencia; con esto, el público y yo somos un todo que experimenta las emociones que yo produje como un acto intrínseco a la interpretación del personaje.

Para quienes han convivido de cerca conmigo ha sido notorio que gusto de cantar, bailar, impartir clase, escribir, meditar el por qué y para qué de las cosas, hablo hasta por los codos, a veces tengo cierto éxito, contando algunos chistes, pero siempre he sentido que esto no ha sido suficiente para satisfacer mi necesidad de transmitir eficazmente contenidos emocionales y energéticos; el teatro se me presenta como el entorno donde esa transmisión es posible con la ventaja de que me ayuda a ser más asertivo, a trabajar en equipo y a potenciar mi creatividad.

Me gusta y valoro mucho la actuaría. Al ejercicio de la carrera le debo gran parte de mis logros personales, me ha permitido conocer amigos y colegas valiosos de quienes he aprendido mucho y aprovecho la ocasión para agradecer su generosidad, pero aún no me siento un actuario completo y exitoso a la manera en que lo he pretendido, sin embargo, con la motivación de ayudar a estudiantes y recién egresados, me he permitido reflexionar sobre lo que significa ser actuario en los tiempos actuales de cambios normativos y de una creciente necesidad de gestionar todo tipo de riesgos de la empresa; me he permitido compartir mis conclusiones aun preliminares con los estudiantes en clase o en algunas ponencias y, hasta me he permitido escribir sobre el tema. Ahora estoy más convencido de que el teatro y sus beneficios consecuenciales fortalecen softskills tan indispensables para crecer, lograr objetivos y alcanzar el éxito en la práctica de la actuaría.

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